El Teatro Real acoge una de las peores versiones de Tristán e Isolda

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Marina Miján

Son las 17:30 de la tarde y los taxis inundan la Plaza de Isabel II. De ellos salen personas que bien podrían parecer de la realeza. Vestuario caro, peluquería y perfume en cada poro de la piel tanto para ellos como para ellas. La ocasión lo merece y es que hoy es tarde de ópera. La función elegida es la versión de Peter Sellars y Bill Viola (director de escena y videoartista, respectivamente) de Tristan und Isolde, en el Teatro Real de Madrid. Sólo hay ocho funciones programadas (12, 16, 19, 23, 27 y 31 de enero y 4 y 8 de febrero) y las entradas llevan agotadas hace tiempo. Dan las seis y comienza la función.

Durante las cinco horas que dura la producción, tres actos de una hora y cuarto cada uno con pausas de media hora en el que los asistentes aprovechan para tomarse, como es típico, una copa de cava, Sellars nos transporta a un escenario completamente negro en el que una tarima del mismo color cumple la función de ser el único elemento decorativo. Detrás suya, una gigantesca pantalla que proyecta el vídeo de Viola, considerado el principal videoartista de la actualidad. A pesar de las buenas críticas, mala elección.

El vídeo es una producción del estudio de Bill Viola en colaboración con la Ópera Nacional de París, la Asociación Filarmónica de los Ángeles, el Lincoln Center de Nueva York, la Galería James Cohan de Nueva York y la Galería Haunch of Venison de Londres; interpretado por Jeff Mills y Lisa Rhoden como Tristan e Isolde en el cuerpo terrenal y John Hay y Sarah Steben como Tristan e Isolde en el cuerpo celestial.

Basado en el agua y en el fuego, principalmente, la pretensión del artista fue crear un mundo paralelo a la acción del escenario, nunca ser el acento ni la explicación de la historia de amor. Dicho y hecho. El vídeo, que nada tiene que ver con lo que pasa en el escenario, distrae la atención del espectador desviándole de lo importante: el reparto de músicos que protagonizan la obra.

Screenshot_2014-01-18-14-01-13-1Aunque tampoco es difícil distraerse con lo que sucede en el escenario. Vestidos todos de negro, sobre el fondo y la tarima del mismo color, no es raro llegar a perder el hilo de quién canta o, siendo sinceros y teniendo en cuenta que el 95% del tiempo los protagonistas están tumbados o sentados, aburrirse soberanamente.

Violeta Urmana, representando a Isolde crece. Magnífica en su papel, la lituana es capaz de atraer hacia ella las miradas en los momentos más críticos. Poco que ver con el tenor estadounidense Robert Dean Smith, Tristan, a quien, la orquesta llega a ‘tapar’ en diversas ocasiones.

Muy aplaudidos han sido el bajo alemán Franz-Josef Selig, rey Marke, y la mezzo rusa Ekaterina Gubanova, Brangäne, y el director de orquesta, el francés Marc Piollet; impecables en su trabajo.

A pesar de los fallos, la versión de Sellars, considerada como “el comienzo de una nueva era de la música”, consigue enfatizar la idea de teatro dentro del teatro posicionando en momentos determinados a artistas como el rey Marke en el pasillo central o a varios personajes secundarios, el coro de hombres y varios de los instrumentos en los palcos.

Aunque las entradas están más que agotadas, aquellos que quieran podrán disfrutar de la función ya que ésta será retransmitida en directo el día 23 de este mes por Radio Clásica, de Radio Nacional de España.

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