No apto para todos aquellos que odien la Navidad

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Blanca Mazo

Se acerca peligrosamente la Navidad. Todo lo que oigo a mi alrededor son quejas, que si es un rollo, que si no sirve para nada, que si es un invento de los empresarios que solo quieren ganar dinero, que si solo sirve para engordar… Pero a mí me da igual. A mí la Navidad me llena de ilusión, aunque no sirva para nada y aunque no haga nada especial. Es una época que me entusiasma, que hace que mis ojos brillen y que me apetezca más que nunca comer chocolate mientras veo películas de temática navideña.

La Navidad perfecta para mí es ver una película bien tapadita con una manta en el sofá. Me gusta ver esas películas estúpidas en las que todo acaba bien solo porque es nochebuena o porque hay algún milagro navideño. Me encantan absolutamente todas las versiones cinematográficas que he visto de “Cuento de Navidad”. Por mucho que sea una época de consumismo y superficialidad, hay que reconocer también la parte buena, pues afloran los valores y la bondad de las personas. Podemos ver el lado más humano y cálido de la gente. No es la fecha señalada ni el hartarse de comer una o dos noches, es el conjunto en sí lo que hace especial esta época. Son las luces, la música, la ilusión y la calidez.

En realidad, creo que esta pequeña obsesión mía con la navidad, viene porque me recuerda a mi infancia, a cuando todo era fácil y lo único que había que hacer era salvar el mundo antes de comer, pero no podíamos dejar los juguetes sin recoger porque entonces nuestras madres nos regañaban. Era la época en la que creíamos que la magia existía y que el espíritu de la Navidad pasada vendría a enseñarnos qué nos habían traído los Reyes Magos el año anterior. Yo creo en la navidad y creo que siempre nos hace ser mejores personas. Creo que esa magia existe, que si nosotros mismos deseamos ser mejores, ese hecho ya nos hace serlo, y solo tengo que mirar a los ojos de cualquier niño que espera en la cola para ver a Papá Noel para ser consciente de que es una realidad.

No olvidéis cada día ser un poco más niños en lugar de un poco más adultos. No olvidéis el valor de jugar, creer, imaginar… Creed que voláis y estaréis volando, soñad con un mundo mejor porque los sueños se hacen realidad. Creed que si ponéis los zapatos debajo del árbol, alguien os dejará un regalo. Disfrutad de las luces navideñas, de los villancicos y de vuestros seres queridos, nunca es tarde para volver a creer.

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