He pasado el puente en Paris, ódiame

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Raquel Fabiola Zúñiga Simón

“Pues, yo he pasado el puente en Paris”, escuchas decir a la pija que va sentada al lado tuyo en el metro. Si se trata, o no, de tu caso tienes dos opciones: morir de envidia o recordar tu maravilloso viaje a la ciudad del amor. Te doy una tercera opción, ¿por qué no planeas un viaje y descubres toda la magia de Paris? Aquí van mis consejos personales de cuando estuve danzando por sus calles… Un café et qui commence le voyage!

Saliendo de estereotipos, creo que Paris puede dar mucho juego si lo visitas con tus amigas. Nosotras cuatro, nos alojamos en un albergue del barrio de Montmaître, bastante bien de precio y rodeado de multitud de tiendas para sobrevivir: supermercados, cafeterías, bares, sexshops, mercados, tiendas de decoración, pastelerías, más cafeterías… al más puro estilo lowcost. Si vuestros ingresos, o los de vuestros papis, no son los de una pija del barrio de Salamanca, esta zona esta genial para pasar unos tres o cuatro días y bastante bien comunicado en transporte público con el centro de la ciudad.

Cada vez que me preguntan cómo empezar a “devorar” (turísticamente hablando) una ciudad siempre doy la misma fórmula: lectura rápida de guía turística de la ciudad + zapatillas cómodas + planes improvisados. La primera es indispensable y muy útil, sobre todo para no dejarte nada en el tintero, la segunda significa dos cosas y una de las premisas más importantes para hacer verdadero turismo: andar, andar, andar y andar (haciendo descansos, no queremos morir en el intento); porque es la mejor manera de dejarte seducir por Paris, por su gente y por su cultura. Total, ya podremos descansar cuando regresemos en casa y seguramente volveremos con un mejor sabor de boca.

Por esta razón nunca pierdo la oportunidad de comenzar mis aventuras con el Free Tour, que nos ofrece la posibilidad de, mediante un agradable paseo por los lugares más emblemáticos de la ciudad, comprender su historia y sus raíces, o conocer datos curiosos sobre símbolos y emblemas de la misma. ¿Sabíais que La torre Eiffel no es del agrado de los parisinos? Iba a estar temporalmente en la ciudad y a día de hoy es todo un símbolo de esta y del amor, que ha sido alimentado por toda la industria del cine y la literatura. Os estaréis preguntando si merece la pena subir, pues bien, según mi humilde opinión SÍ, no sólo por las vistas, si no también por la sensación de libertad que se experimenta desde sus 300 metros de altitud. Al último tramo sólo se puede acceder por ascensor y el viajecito roza el nerviosismo y la excitación…

Después de la visita os recomiendo regatear amablemente con los morenos (igualitos que los que se plantan en la puerta del Sol de Madrid) para conseguir buenas gangas de souvenires para todos vuestros familiares. Fácil: 10 torres Eiffel llavero de diferentes colores por el módico precio de 1´20 y con el dinero que os sobra os da para un riquísimo Crêp du chocolat. Una cena por el barrio latino, puede ser una opción perfecta para finiquitar el día, que además de buenos precios tiene un ambiente muy animado para tomar unas copillas, y, quien sabe, si para enamorarse de algún parisino…

Con las pilas cargadas con un buen Croissant (son adictivos), comenzar la mañana en el museo del Louvre es obligatorio. Si sois estudiantes europeos menores de 26 años tenéis acceso gratuito. Yo, personalmente, la visita al museo la llevaba preparada con un listado de las obras que había estudiado en historia del arte. Para que disfrutéis realmente de la visita y que sea productiva visitar la web del museo del Louvre y hacer un Top 10 (ampliable) de obras características que os llamen la atención o directamente el elaborado por el propio museo. Se agradece el tener cierta idea al ver la obra y sobre todo que hace mucha más ilusión el ver plasmadas las características en “directo”. Un merecido descansito en los jardines de las Tullerias, justo al lado del museo, es lo mejor después de esta dosis artística.

Para las adictas a las compras y los mercados vintage, Les Champs Elysee es la zona fashion por excelencia de la ciudad. La Rue Rivoli, con marcas nacionales e internacionales. Y para alucinar con la mas alta costura: la Avenue Montaigne, donde se codean Dior, Gucci, Cartier, Valentino… Los grandes almacenes los podéis encontrar en el Boulevard Haussmann: Galerias Lafayette y Primtemps, con una terraza en el tejado y de visita gratuita con vistas estupendas.

Como os comentaba al principio no dejéis de perderos por el precioso barrio de Montmaître y sus aires impregnados de artistas y cafeterías; El Sacre Coeur, que impresiona por su color blanco, pero sin duda lo más agradable es encontrarle entre la multitud de calles y cuestas. El café Deux Moulins, famoso por aparecer en la película de Amelie, también está allí, y justo terminando la calle el Moulin Rouge, los prostíbulos y las tiendas de sexshops. Toda una mezcla de lo más interesante.

Ahora, seguramente, tendréis más ganas de ir a Paris, pasear por las orillas del Sena o simplemente encontrar el amor… Bon Voyage!

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