“La mayor gloria no es caer, sino levantarse siempre”

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Laura María Lara

Nelson Rolihlahla Mandela nos dejó el pasado jueves y tras él ha quedado una huella que nunca podrá ser borrada de la historia política y la historia de los derechos humanos. Así, Jacob Zuma, presidente de Sudáfrica ha mostrado con sus palabras la gran pérdida que supone para el país y para el mundo: “Nuestra nación ha perdido a su padre. Nelson Mandela nos unió y juntos nos despedimos de él”.

“La mayor gloria no es caer, sino levantarse siempre”. Con esta frase, podría definirse la historia de esta relevante figura política. Mandela, siendo tan solo un niño fue preparado por sus padres para ser el jefe de su tribu, la tribu “Tembu”. Sin embargo, eligió otro camino y comenzó a estudiar Derecho en la universidad de Fort Hare. Allí, conoció a Oliver Tambo, el que sería el futuro presidente del Consejo Nacional Africano (CNA). Ambos, con ideales similares, fueron expulsados de la facultad por su participación activa en una huelga estudiantil.

Años más tarde, fue ocupando puestos más relevantes en el ya mencionado CNA y fue líder de una serie de campañas no violentas contra el Apartheid. Se trata de un sistema segregacionista que se estableció en Sudáfrica y Namibia hasta el año 1992. Sin embardo, ante tal represión del Estado, Mandela y sus allegados crearon una organización armada denominada “Lanza de la Nación” y esta fue la principal causa de su encarcelamiento, pues se le consideraba como un peligroso terrorista.

Su etapa carcelaria duró veintisiete años y en ella hubo dos etapas. En primer lugar, pasó dieciocho años en la prisión de Robben Island situada en la Ciudad del Cabo y en segundo lugar, pasó nueve años en Pollsmoor, una prisión de máxima seguridad. Su número de presidiario era 46664 y durante estos años realizó trabajos forzados. Sin embargo, en sus escasas horas libres se interesó por la música clásica, concretamente amaba la música de Tchaikovsky y Handel. Su liberación llegó el día once de febrero de 1990 tras muchas protestas y peticiones de todos los líderes políticos mundiales, entre ellos, el Papa.

Tras esta época negra en la vida de Madiba, llegó su esplendor político y en 1991 pasó a ser presidente del Consejo Nacional Africano. Dos años más tarde, pactó con el hasta entonces presidente de Sudáfrica, De Klerk un gobierno nacional de una duración de cinco años a partir de las elecciones que se celebrarían en 1994. Mandela obtuvo la victoria con un 62.6 % de los votos y consiguió que Sudáfrica fuese un país libre e incluso ingresó en la ONU. Cabe destacar, que una vez en el poder, su primera medida fue donar la tercera parte de su sueldo como presidente al Fondo Nelson Mandela dedicado a la infancia. Debido a esto último, era conocido como “Mkhulu” (abuelo).

Finalmente, en cuanto a su vida política activa se refiere, el año clave fue 1999, pues se retiró del mundo político, abandonando también el CNA. A partir de este año, como ya es sabido, su labor humanitaria fue y es bastante reconocida. Este reconocimiento se plasma en varios premios que ha recibido, entre ellos, el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional (1992) y el Nobel de la Paz (1993). También ha sido nombrado doctor “Honoris Causa” en seis universidades.

De esta manera, como ya afirmó Mandela en su día: “la muerte es algo inevitable. Cuando un hombre ha hecho lo que él considera como su deber para con su pueblo y su país, puede descansar en paz. Creo que he hecho ese esfuerzo y que, por lo tanto, dormiré para la eternidad”.

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